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Déjà vu en el Camp Nou

El Camp Nou, acostumbrado a vivir en sueños que se hacen realidad y noches de celebraciones, fue sometido a media hora de pesadilla y una velada de celebraciones agridulces. Quizás fue porque en frente tenía a un equipo que sabía más de soñar y de creer, y cada vez más de celebrar. En cualquier caso, el Camp Nou vivió una media hora que resultó preocupantemente familiar.

Foto: SportYou

Como ya ocurriese hace un par de años en el mismo escenario, el Atlético de Madrid volvió a saltar al césped catalán con un hambre y un planteamiento que anularon al actualmente mejor equipo de Europa y del mundo. El Barcelona no jugó mal, jugó como acostumbra, como suele servirle para arrollar al 90% de los equipos del mundo. Pero en frente no tenía a un equipo cualquiera.

Tenía al Atlético de Madrid. Un escalón por encima, tanto física como psicologicamente, el equipo de Simeone anuló el plan blaugrana desde el minuto uno. Y como ya ocurriese también en 2014, Koke volvió a ser protagonista. Esta vez tras recibir con el espacio suficiente para que un crack desequilibre un partido. Y así lo hizo el madrileño con una asistencia magistral que culminó Fernando Torres entre las piernas de Ter Stegen. El gol no relajó ni un músculo del conglomerado atlético, y sólo un vuelo raso del meta alemán evitó que el marcador antes de la media hora de partido señalara 0-2.

Y entonces llegó la jugada que cambió por completo el devenir del encuentro. Fernando Torres, desmedido por la euforia de verse héroe en el Camp Nou, se ganaba una rigurosa segunda amarilla que le dejaba fuera del encuentro en el minuto 35. El guion cambió por completo de cara a la segunda mitad.

La segunda parte supuso un asedio culé que el Atlético frenaba una y otra vez. Ya fuese Godín, Lucas, Oblak o el larguero, la meta rojiblanca se antojaba inexpugnable para el Barcelona. Sin embargo, la gesta era desmedida incluso para un equipo como el Atlético de Madrid. Sobrepasada la hora de partido, Luis Suárez anotaba un doblete que daba la vuelta definitiva al marcador.

El Barcelona se llevaba así un partido que dejó en ambas aficiones sentimientos encontrados: del lado culé, la felicidad de vencer un partido de cuartos de final frente a la sensación de que de no haber sido Fernando Torres expulsado no habría sido el mismo resultado. Tampoco si Luis Suárez hubiese corrido la misma suerte que el de Fuenlabrada, la cual probablemente mereció después de un par de acciones violentas con poco balón de por medio. Del lado colchonero, la derrota del marcador quedó en segundo plano frente a la satisfacción de haber sometido al Barcelona cuando fueron 11 contra 11 y haberle aguantado con 10 como pocos conjuntos podrían haber hecho. Todo eso alentado por la certeza de que la eliminatoria para nada está decidida.

Aunque no suela decirse tanto como de otros estadios vecinos, 90 minutos en el Calderón son extremadamente largos.

 

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Publicado el: 6 abril, 2016

Dentro de: Atletico de Madrid, Champions, FC Barcelona, slider

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